El clima de una zona es un indicador general del nivel potencial que pueden alcanzar las poblaciones de moscas.
Sin embargo las instalaciones de producción animal intensiva alteran considerablemente el medio que contienen.
En la naturaleza, los enemigos naturales desempeñan un importante papel en la regulación de los niveles de poblaciones de moscas, pero la concentración de animales y de su estiércol en las instalaciones de producción animal intensiva crean una situación que no es natural.
Los tiempos necesarios para el desarrollo de las moscas a diferentes temperaturas se discuten en la sección: Especies de moscas y su biología.
El margen global de temperaturas y las que prevalecen en verano en una zona determinada representan indicadores brutos de la rapidez con la que las moscas se desarrollarán y del número de generaciones que producirán cada año.
La duración de la estación durante la cual las moscas se hallan presentes en el hemisferio norte aumenta por lo regular de norte a sur, en consonancia con las zonas climáticas. Cuanto más alta es la temperatura y más larga la estación con temperaturas altas, más rápido resulta el desarrollo de las moscas y mayor el número de generaciones por año.
Dado el solapamiento entre generaciones y el rápido desarrollo de las que se suceden, se generan rápidamente grandes poblaciones de moscas, que se mantienen siempre y cuando las temperaturas sigan siendo elevadas.
Sin embargo, las instalaciones de producción animal intensiva alteran sustancialmente la situación, dado que se crea un ambiente artificial protegido.
Por consiguiente, es probable que se den incluso más moscas y generaciones por año en y alrededor de las instalaciones de producción animal intensiva que lo que pudiera esperarse en función de las zonas climáticas.
La temperatura mantenida en el sistema de alojamiento determinará el nivel de población de moscas más aún que el clima prevalente de la zona.